En el desierto encontré la muerte por todos lados. No la muerte en el sentido terrible y aterrador, si no la muerte como la razón de la vida con toda su belleza, atracción y complejidad. Para mí, el desierto era como el Infierno de Dante, un viaje a lo profundo del alma, donde la condición humana puede ser vista desde una distancia. Este sentimiento no se reflejaba sólo en los paisajes. Todo en el desierto: los objetos, las carreteras, las ciudades en ruinas, parecen suspendidas en el tiempo, en algún lugar más allá de nuestras vidas. La intensidad de la la luz, el monocromatismo, las profundeza de las sombras, la inmensidad del cielo y la simples dificultad de existir allí me transportaron a un lugar más allá. Traté de representar ese sentimiento como si estuviera ilustrando un libro que todavía no se ha escrito. 

 

(publicado na revista Ojos Rojos , janeiro de 2013)